Por DAVID LARA RAMOS
Con motivo del cumpleaños 70 de la cantadora, reproducimos el texto publicado el año pasado en el diario El Heraldo en medio de la celebración de la vida de Petrona Martínez.

UNO
Tres días antes de su cumpleaños, Petrona Martínez conversaba con una vecina sobre Otilia Villa, su madre. Le dijo que había muerto a los 75 años. Luego, al ver la cercanía de sus 69, comenzó a sacar la cuenta de los años que le faltaban para llegar a la edad en que murió su madre.
“Me quedan seis años, vecina”, dijo sentada en la terraza de su casa. La vecina le gritó que a la muerte no se le llamaba, que solo debía pensar en sus cantos y en la forma de hacerse más grande.
Para la misma fecha, 24 de enero, en medio del concierto que el cantante senegalés Baaba Maal ofrecía en la apertura del Hay Festival, en la Plaza de la Aduana de Cartagena, el gaitero Stanley Montero recordó que el domingo, fecha del cumpleaños de ‘Petro’, como la llaman, tenía ensayo del repertorio que esta semana tocó en Washington.
La ‘reina del bullerengue’ no solo cantó sino que movió sus caderas al son de la música folclórica que la ha proyectado internacionalmente.
Dijo que se iría muy temprano para la casa de Petrona en Palenquito, porque ella, que tiene fama de recia, mano dura y disciplinada, no admite las impuntualidades de sus músicos.
Palenquito queda a la entrada del palenque de San Basilio y está formado por un grupo de casas circundadas por el arroyo de Lata, lugar al que llegó Petrona a comienzos de los 80, y se dedicó, como muchos hoy lo hacen, a sacar y vender arena del arroyo para sobrevivir.
Hace más de 15 años dejó de sacar arena, pero ese trabajo inspiró un tema que hace parte de su biografía: “Cuando llegué a Palenquito/ yo vi la vida en un hoyo/ me dediqué con mis hijos/ a sacá arena e’ la arroyo”.
Al llegar a su casa, el ensayo se ha cancelado. En realidad, todo estaba listo para celebrar los 69 años de la gran Petrona Martínez.
En la cocina, María del Carmen, ‘La Niña’ Joselina, Araceli, Nilda y Rosario, todas hijas de la cantadora, hierven en el patio dos ollas de sancocho de costilla de cerdo.
Javier Ramírez, gaitero y corista del grupo, quien además toca la guitarra, dice que trajo una serenata para ‘Petro’. Guitarra en mano y en compañía de Stanley Montero en las maracas, comienza un repertorio que incluye vallenatos y boleros.
DOS
Las amistades habían llegado de Arjona, Mahates, Malagana, Sincerín, Marialabaja, Gamero, Cartagena, y por supuesto San Cayetano, tierra natal de Petrona. Unas ochenta personas organizaron un semicírculo en la terraza, debajo de los palos de mango de azúcar. En el centro, un espacio reservado para el baile y la ronda del bullerengue.
Luego de la serenata, Guillo Valencia, llamador del grupo, que se caracteriza por sus jocosos disparates, explica que harán un ritual de gaitas: “Una evocación de los espíritus para entrar en un trance mayor, para que toda esa legión de parientes fallecidos de Petrona haga presencia. ¡Atención! Aquellos que tengan ojos de perro verán que detrás de ‘Petro’ estará una legión de cantadoras, coristas y tamboreros. Damos apertura a la celebración del cumpleaños de doña Petrona Martínez, nacida el 27 de enero de 1939, de la ‘tinta nomeolvides’ de Cayetano Martínez y Otilia Villa, de la tercera placenta de la generación de los Villa Valdez Torres y Silva...”.
La cumplimentada no presta mucha atención al disparate y anuncia que cantará el tema que compuso a su hijo Álvaro, su tamborero principal, para los días en que se iba definitivamente para España. Los músicos se preparan: Stanley con sus gaitas y maracas; Edwin Muñoz toma su bombo; Guillo Valencia saca su llamador; Javier Ramírez entona la gaita; Hanner Amarís, sucesor de Labarito, acuña su tambor alegre; Nilda y Joselina, hijas de Petrona, dejan un momento la olla del sancocho para hacer los coros.
En medio del jolgorio, Álvaro Llerena llama desde España y Petrona vuelve a cantarle al teléfono el tema ‘Yo no lo sé’. Escucha a su hijo llorar y le dice: “No llores mijito, que todavía tu mae está viva y va a durá muchos años más”.
Guillo Valencia, quien ha asumido el rol de presentador, anuncia a Cecilia Silva Caraballo, cantadora de la región de Marialabaja, quien entona el tema ‘Dos de febrero’, en honor a la Virgen de la Candelaria, patrona de los cartageneros. Todos se levantan y algunos con unas cervezas y rones de más bailan frenéticamente.
Petrona dice que se siente contenta, porque está con sus amigos, parte de sus músicos viejos, y sus hijas. “Me hace falta Alvarito, mi único hijo varón. Me pidió que le cantara y le canté. Me dijo: ‘mamá yo no estoy, pero están mis cachorros’, aquí tengo a sus tres hijos y al último que nació hace cuatro meses. Él no está, pero como dice el dicho, la falta del hijo varón la tapa la mae”.
Petrona camina por toda la casa y llega hasta al patio para ver cómo va el sancocho, dice que en media hora pueden servir. “Repartan en los vasos que compraron, no hay totumas —explica— porque Enrique, mi marido, se fue a hacer un trabajo en Cúcuta y él es el que las sabe hacer bien”.
A las 12:20, los músicos dejan de tocar para disfrutar el almuerzo, pero los cantos de la reina del bullerengue suenan ahora amplificados en un potente picó: ‘Mi catana’, ‘Juana la Caribe’, ‘A rro rro’, ‘Candela de vapó’... entre otros... ambientan el generoso sancocho, con la posibilidad de repetición.
TRES
Petrona entona uno de sus nuevos temas, que cuenta la historia de una culebra que estaba en un palo, y ella, por estar distraída, la culebra la picó. El coro de nietas suena fuerte y enérgico. Los invitados están sorprendidos. Felices comentan que está segura la tradición del bullerengue en las voces de las nietas.
Al terminar el tema de la culebra, Estefanía, de apenas 11 años, comienza su canto. “Yo soy nieta de Petrona, y con orgullo lo digo/ yo voy a aprender a cantar/ para que bailen conmigo”. El coro suena con gracia y vitalidad: “Como soy nieta de Petrona, yo voy a cantar contigo, como soy nieta de Petrona yo voy a bailar contigo”.
Petrona se acerca a escucharlas y las motiva a que canten con más fuerza, mientras ellas alzan su voz y la cumplimentada ríe a carcajadas.
Valencia, como era de esperarse, fue el encargado del brindis. La imagen era videograbada a petición de Álvaro. Guillo levantó el vaso de plástico transparente lleno de champaña, y dijo: “Brindemos por la mujer, madre y artista que es Petrona Martínez. Un ser que ha engrandecido el folclor y es orgullo de Colombia. Esta es una señora que, al igual que Claudina Silgado, y todas estas señoras cancamajanas, nació de ese guayacán que crece dentro de la montaña, eso no muere por ahora, porque tiene además muchas oraciones encima, seguro va a tener vida eterna”.
La canción del cumpleaños feliz suena a ritmo de gaitas y tambores y la felicidad llega a su máximo nivel de euforia. A las cuatro de la tarde cuando los visitantes insinuaban su partida, Petrona anunció que no se podían ir sin antes comer: “Un poquito de arroz de pasas, una presita de chivo, unas yuquitas harinosas y un poquito de ensalada de repollo”.
Para cerrar la tarde, en medio de abrazos de gente que no quería irse, Petrona anunció uno de sus inéditos. Una puya que sonó con energía: “Como yo me estoy muriendo/ que vengan mis compañeros,/ que toquen y beban ron/ porque eso es lo que yo quiero,/ Ay caramba... Ay upa jee,/ Ay yo quiero... ron pa’ bebé/ La vida vale la pena/ no la quiero desperdiciá/ por eso antes de morirme/ quiero cantar y bailar. Ay caramba... Ay upajé/ Ay yo quiero... ron pa’ bebé/ Ay caramba... Ay upajé/ Ay yo quiero ron pa bebé”.
Ese tema, titulado ‘El parrandón’ trae el anuncio de su última voluntad. “La canto no porque me vaya a morir, es pa’ que sepan lo que yo quiero cuando llegue ese momento”.
La gente se marcha por la misma vía polvorienta, pero la parranda sigue con los de casa. Petrona bate una pequeña toalla de líneas rojas para decir adiós, al tiempo que grita con su recia voz “Cuidaito ahh... cuidaito no vienen el otro año...”.