José Álvarez Ortega, más conocido en Ovejas como el maestro Joche, nos entrega su testimonio sobre cómo nació el Festival Nacional de Gaitas.
Un Festival que llega en este puete festivo a su vigésima quinta versión.
Festival que el maestro Joche ayudó a formar, por eso a partir de este viernes 9 de octubre se le rendirá, en vida, un homenaje por sus aportes y luchas para que la música de gaitas permaneciera en los Montes de María.
José Álvarez conformó en la década de los 80 más de veinte agrupaciones, un trabajo que hacía todos los fines de semana en el patio de su casa, "Sin cobrar un peso", como dice. “Sólo para que la música siguiera viva en esta región”.
El maestro Joche le cuenta a David Lara Ramos, cómo un 16 de julio de 1980, después de una noche de parranda, cuatro amigos concibieron la idea de hacer un festival para su pueblo.
Leamos el testimonio de un hombre que ama sus raíces y lucha por mantenerlas vivas.
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“En las fiestas patronales de Ovejas o en cualquier fiesta que se hiciera con bandas se formaban unas peloteras. Amanecía gente apuñalada, descalabrada y hasta baleada.
“Resulta entonces que un 16 de julio de 1980, para la fiesta de la Virgen del Carmen, amanecimos 4 compañeros en casa de Domingo Rodríguez. También estaban Antonio Cabrera, Alejandro Paso y yo.
“Bebíamos un ron que le decían ron trompá. Era barato, pero sabroso, en esa época era el mejor. Hablábamos sobre los sucesos de la noche anterior. Expresé estas palabras: ‘Ovejas tiene que cambiar sus fiestas por algo mejor, donde la gente no se entusiasme tanto. Se arman las peloteras, la gente se llena de emoción y con el trago que tienen encima se les da por pelear’.
“Alejandro Paso dijo que había que hacer un festival. Le conteste: ‘Aquí en Ovejas podríamos hacer el festival del tabaco, pero ya lo está haciendo El Carmen de Bolívar’. Entonces dijo Antonio Cabrera: ‘Aquí en Ovejas se siembra maíz, ají del bueno, ñame y ajonjolí, de cualquiera de esos productos se hace un festival’. Mingo Rodríguez dijo: ‘Todo está bien, pero para hacerlo se necesita plata y, ¿de dónde vamos a sacarla?’ Yo les contesté: ‘Pidiendo, nos proponemos y lo hacemos. La gente que haga un aporté, es duro al comienzo porque la gente no está acostumbrada a un festival y pensarán que es una fiesta como las demás, pero les vamos a demostrar que un festival es distinto’.
“No habíamos hablado sobre la música que se iba a tocar, sino de qué iba a ser el festival. Yo propuse que se tocara gaita. Antonio Caballero respondió: ‘Lo que dice Joche es verdad, aquí podemos hacer ese festival, que sea tocado con gaita, porque por aquí hay mucho gaitero’.
“Entonces dije: ‘Yo sé donde vive el “Toro”, me encargo de invitarlo y traerlo al pueblo’.
“En ese momento pasaban los hermanos Arias, Cayetano y Enrique, uno adelante y uno atrás, con sus gaitas debajo del brazo y los llamamos para que tocaran, lo primero que dijeron fue que si teníamos un traguito. Les servimos el trago y se pusieron a tocar. Eso quedó allí y no se volvió a hablar del asunto.
“Al año siguiente, volvimos a recordar el tema. Así pasaron tres años. Nos sentábamos los cuatro a hablar del mismo festival y nada que se hacía.“Les dije que ya estábamos hablando mucha paja. Recuerdo que faltaba un mes para el 3 de octubre, fecha en que comenzaban las fiestas patronales. El primer festival fue el 3 y el 4 de octubre, después se pasó para el 12 porque el cura decía que las dos cosas no podían quedar juntas.
“Dijo entonces Toño Cabrera: ‘Bueno vamos hacerlo, yo estoy ocupao, pero podemos hacer las diligencias, nos ponemos tareas’. Y Domingo Rodríguez agregó: ‘Yo también les aporto ideas y trabajo’. Alejandro Paso dijo: ‘Que esto no pase como otros años. Vamos a recoger a los gaiteros de por aquí y los reunimos a todos’.
“Primero nos acordamos de los sanjacinteros, les agradecemos que nos apoyaron y todavía no dejamos de invitarlos.
“Entonces dijo Toño Cabrera: ‘Siempre que nos reunimos somos los mismos cuatro, y ¿cómo vamos hacer?’ Le dije: ‘Vamos a ponernos tareas. Paso invita a tres más, tú, Toño, tres más, Domingo otros tres y yo traigo tres más y allí tenemos la directiva’. Eso fue un viernes, y acordamos para el domingo hacer la reunión en casa de Domingo Rodríguez.
“De la casa de Domingo Rodríguez salió el festival. Fue cuando empezamos a invitar gente. Invitábamos hasta veinte personas, gente seria, adulta, pero al final siempre nos presentábamos los mismos cuatro.
“Para la quinta reunión del año, yo me llevé a un hijo que se llama William. Estaba el hijo de Domingo Rodríguez y, Antonio Cabrera se llevó a su hermano Manuel. Entró Eduardo Jiménez y así completamos la directiva.
“Yo nombré a Toñito, presidente. Tonito me nombró a mí vicepresidente, Paso le dijo a Domingo Rodríguez, tú eres el tesorero, Domingo le dijo a Paso, tú eres el fiscal y así fue como nació la junta del festival.
“Después aparece Eduardo García que entró cuando la directiva estaba formada. Empezamos a invitar a gente que nos apoyara. Metimos a Goyo, Jaime Vides, Mati Vázquez, todo ese personal lo metimos cuando la junta estaba formada.
“Ahí nos pusimos tareas, íbamos a las tiendas a pedir colaboración. Nos trataban de locos porque un festival era muy costoso, pero nosotros pa’lante, pelando la cara (pidiendo ayuda). Así logramos recoger 96 mil pesos. Nos colaboraron con botellas de ron para calentar a los gaiteros. Porque eso sí, como yo soy gaitero, sé que todo gaitero para tocar con sabrosura necesita tener un trago, una botellita. Cada vez que toca un tema se toma un trago. Para que la gaita suene lindo uno tiene que meterle un trago, uno la siente, la vive y la gaita es uno y uno es la misma gaita.
“Así fue como fundamos el festival, eso fue en 1985.
“Entonces me tocó, con el pantalón regazao (recogido) hasta la rodilla y un par de botas croydon, caminar por todo Almagra, Tierras Gratas, Macayepo y Chengue. Estuve por fuera una semana, a pie, solito, visitando a los Solarias, unos gaiteros que vivían por los lados de Chengue, ellos dijeron que sí venían, no vinieron, mejor dicho, nunca vinieron. No sé por qué. Algunos les gusta tocar la gaita en su roza y de ahí no los saca nadie.
“Fui donde otros Solarias en Tierra Grata, que eran de la misma familia, gaiteros buenos. Ellos vinieron para el segundo festival.
“Vea, gaiteros de Don Gabriel, Chalán, Salitral, Colosó, Chinulito, El Parejo, todo eso lo visité. Esa fue mi misión y la cumplí. Los demás se dedicaron a buscar la tarima, pero eso sí fue difícil.
“Los dos primeros años no tuvimos tarima. Hicimos el festival en unos muros que quedaban al lado del edificio de la alcaldía. Esos dos festivales fueron los mejores, los más autóctonos, los más tradicionales.
“Los gaiteros se presentaron con su sombrerito viejo concha e’ jobo, esmanguillaos, abarcas viejas, sin uniforme, todo eso pasó en el primer festival, igual en el segundo. Algunos subían con botas, otros con camisas amansa loco, camisa por fuera, gorras, pantalones de todos los colores.
“En el tercer festival la gente empezó a usar uniforme. Entonces de allí para acá el festival se fue engrandeciendo, y decidimos cambiarle de sitio.
“Del tercero en adelante, hice una propuesta: buscar sitios donde los gaiteros fueran a comer. Se buscaron casas de familias, gente que atendía bien al gaitero. Eso ha funcionado igual hasta hoy.
“El primer año hubo un cocinero para todos. Fue Tomás García.
“El primer festival comenzó un sábado, recuerdo que el viernes, bien temprano, yo me fui para Don Gabriel y de allá me traje un carro lleno de yuca, plátano, ají dulce, maíz, de todo. Visité a todas mis amistades y les pedí que me ayudaran y a la vez los invitaba a que disfrutaran del festival. De ese carro sobró comida y se la repartimos a los que cocinaron. Así comenzó el Festival de Gaitas de Ovejas.
“Hoy, hacer el festival es más fácil, todo el que llega encuentra un trabajo hecho. Hoy cualquiera puede ser miembro de los comités.
“Cuando nosotros comenzamos el festival, se dijo que se iba a llamar Festival Francisco Llirene, yo estuve discutiendo con Antonio Cabrera que pusiéramos el nombre de un gaitero fallecido, de los mas viejos, eso no me lo aprobaron porque Llirene es uno de los mejores tamboreros que había en la región, ésa es la pura verdad. De allí nació el nombre.
“Otra cosa, el festival era sólo de gaita larga, ahora se toca también gaita corta.
“Cuando los grupos comenzaron a uniformarse y a colocarse el trapo rojo en el cuello, no estuve de acuerdo con eso. Ese trapo se lo puso Delia Zapata Olivella a los gaiteros de San Jacinto cuando se los llevó para Rusia. El trapo rojo me recuerda cuando en los pueblos no había mercado y mataban un cerdo, una novilla o un chivo, y ponían una bandera roja en la puerta, eso era señal de matanza, eso no lo usaba el gaitero. El gaitero usa su vestido blanco porque nosotros tratamos de imitar el modo de vestir de nuestros abuelos y tatarabuelos. Ellos vestían camisa y pantalón blancos. También pantalón caqui con camisa blanca, son los vestidos que de esta cultura gaitera queríamos rescatar”.Un festival autóctono
“Uno tiene un festival completamente autóctono. Veo que en otros festivales meten otra clase de música. Por ejemplo, en Galeras hacen un festival, que ya no es un festival, es más bien encuentro de gaitas, a eso le meten trompeta, saxo, clarinete, para mí no es un conjunto gaitero sino un combo, un grupo orquestado. Hay sólo dos festivales que sostienen lo autóctono: Ovejas y San Jacinto. En San Jacinto solamente llevan gaita larga. Eso era lo que yo quería para Ovejas. Eso lo luché varias veces con los compañeros, les decía que la gaita corta era solamente un pito, vamos a seguir con la gaita larga que fue la que conocimos de nuestros abuelos y que tocaron nuestros bisabuelos y ahora la estamos tocando nosotros y la van a tocar nuestros hijos, eso fue lo que anhelé para el festival de Ovejas.
“Ovejas es un pueblo de campesinos, con tradición indígena, que es de donde heredamos ese instrumento. Nosotros los que ya nos vamos a morir se la dejamos a nuestros hijos y a nuestros nietos.El gaitero, un hombre solo
“Toda la vida ha habido gaiteros en Ovejas. Ellos aprendían a tocar escuchándose el uno al otro. Lo que ellos tocaban lo llamaban sones o porros, decían voy a tocar un son, y tocaban algo bien sabroso.
“En esa época se hacían las velaciones del Niño Dios y a San Francisco. Como aquí ese santo es chiquito le dicen San Pachito, que es el patrón de Ovejas. Resulta que cuando se mete el verano, los campesinos se acuerdan de San Francisco de Asís y hablan con el padre del pueblo para que les preste el santo y se lo llevan al monte.
“El dueño de la velación se montaba en un burro o en un caballo y le anunciaba a todos los gaiteros que el viernes había una velación donde Antonio Flores, por ejemplo, y se hacían las nueve noches.
“Cuando iba a empezar la velación, que siempre comenzaba viernes, se reunían los gaiteros de la región, los que vivían en Ovejas y en los corregimientos, allí se reunían de 80 a 100 gaiteros. Y se reunían los que tocaban la percusión. Hay que decirlo: el gaitero era solo, sin grupo. Eso no existía. Pero al momento de la velación aparecían los que tocaban el alegre, el llamador y la tambora. El gaitero peleaba su cupo para tocar sus sones, cada uno tocaba un rato.
“El dueño de la velación mataba un puerco grande o dos pavos para atender a la gente.
“El gaitero no cobraba, le gustaba tomar y comer en abundancia. Eso ha cambiado, ahora cualquiera quiere contratar a un grupo de gaita y pagarle con ron. Ofrecer ron por un toque es una falta de respeto. Ahora los gaiteros son más organizados, algunos han grabado sus discos, son profesionales. Antes los gaiteros eran campesinos que vivían de sembrar, de limpiar monte, así se ganaban la vida, y tocaban la gaita para alegrarse la vida.
“Cuando se organizó el Festival Nacional de Gaitas se comenzaron a formar los grupos.
“Para el tercer año no quise pertenecer más a la junta y me decidí a abrir una escuela de gaita completamente gratis. Trabajé en esa escuela durante diez años y organicé 18 grupos. Algunos se han desintegrado, pero hay unos nueve que siguen trabajando unidos. En Cartagena hay gaiteros de mi escuela. En Medellín, Cali, Bogotá y Barranquilla. Muchachos que se fueron a estudiar a la universidad, son profesionales, pero siguen siendo gaiteros.El festival hoy
“Los que empezamos, hablamos que el festival está perdiendo mucho auge en lo cultural. Antes se hacían los viernes de gaita que fue una propuesta de los fundadores. Para el año 88, yo sacaba a los niños a los parques, veía que a la gente le gustaba y llegaba a ver a los pelaos. Tenía unos siete grupos de muchachos.
“Tocaban en la Plaza de la Cruz, la gente se ponía a bailar. El siguiente viernes me los llevaba al Parque Central, otro viernes me los llevaba al Bolsillo.“Eso se perdió, los viernes de gaita ya no los hacen. Los dejaron perder.
“Otra cosa, cuando íbamos por el sexto festival, metieron a un grupo de danza, tampoco estuve de acuerdo, ya no le paraban bolas a los gaiteros por estar atentos a los grupos de danza. Están pendientes de las palangonas, si se les ve la pollera, y arman el desorden.
“Otra cosa, no estoy de acuerdo que a los gaiteros viejitos se les dé la espalda. Murió el maestro de maestros, Enrique Arias, qué tristeza tan grande. Murió en la absoluta pobreza. Un hombre que afianzó la cultura de este pueblo.
“Fíjate, “El Lobo de la Ceiba”, allá en Chalán, ni al entierro ni a las nueve noches fue gente. Un señor vino aquí a avisarme que había muerto Francisco Olivera, “El Lobo”, tenía 88 años cuando murió, ese fue otro entierro muy triste. Menos mal que él tenía bastantes hijos, ellos lo cargaron de su parcela a la Ceiba y allí lo enterraron.
“Ahora sólo se piensa en los cuatro días de parranda, pero para nosotros no es una parranda, es un festival donde hay muchos valores.
“Comparado con el primero, el primero fue mejor. Fueron 13 grupos los que se presentaron. No teníamos plata, pero con los 96 mil pesos sacamos los premios, invitamos a buenos gaiteros, hubo comida de sobra.
“En ese entonces todo lo hacíamos con amor, con orgullo de gaitero, con el corazón abierto a todos, hoy no sé qué pasa, pero hay que volver el festival a lo que era antes... la fiesta sigue siendo linda. Es que donde suena una gaita, todo se alegra... esa es la historia del Festival”.

